Sexo en el UBER

Me encontraba en casa, preparándome para la noche que él me había prometido. Me puse un vestido negro ajustado, corto, ese que tanto le gustaba y que por cierto él mismo me había regalado.  En los pies llevaba unas sandalias negras con un poquito de taco que me hacían ver mas estilizada y una cartera.

Estaba en la puerta esperando a ser atendida por él, pensaba en todo lo que íbamos a divertirnos juntos esa noche.

-Hola, que hermosa que estás- me dijo y me dió un beso dulce y tierno.

-Feliz aniversario mi amor- le contesté y le extendí la mano para darle un vino espumante que llevaba para brindar.

Sonaba la música de fondo luego de haber comido unos tacos hechos por él (ya saben que dicen que cuanto mejor cocina, mejor te sabe hacer el amor). Bailamos en el living y bebimos bastante vino, ya estábamos un tanto borrachos.

Comenzamos a besarnos y metió lentamente su mano por debajo de mi vestido, me agarró fuerte del culo y me pegó contra él. Pude sentir su verga dura, me excitaba. Aún así, rápidamente se apartó de mi y tomó su teléfono para llamar al uber.

Estábamos en el auto, perdidos porque el chofer había tomado un camino equivocado. Eso nos aburría un poco y yo comenzaba a sentir un calor producto de tanto alcohol. Estaba excitada.

Lo besé a Julio apasionadamente y toqué despacio por debajo de su pantalón. Su verga seguía estando dura tal como la sentí estando en casa. Moría de ganas de que me cogiera.

-¿Pasa algo ahí atrás?- dijo el chofer, mirando con cara de curiosidad por el espejo retrovisor.

-Nada-, le contesté con una mirada picarona y riéndome. Estaba prendida fuego, quería sentir placer a toda costa.

-Es lindo- le susurré a Julio al oído, haciendo referencia al bombón que nos llevaba al bar.

-Unite a nosotros-, le contestó Julio con una risa burlona como intentando ver la reacción del tipo.

El auto se había estacionado en un lugar oscuro y quien nos estaba llevando de camino, ahora estaba al lado mío en la parte trasera del asiento.

Quedé justo entre medio de ellos dos. Besé a Julio tan apasionadamente, jugaba con mi lengua, exploraba su boca y comenzaba a gemir. Extendí mi mano y comencé a tocar el miembro del chofer mientras él hacía masajes a mi vulva en forma circular. Metía sus dedos a un ritmo perfecto, me volvía loca. Era tan sexy, podía oír su respiración y escucharlo dar pequeños gritos de placer.

Ya no importaba nada. Estaba cabalgando al dueño del auto, un chico sexy y bastante joven. Sentía su verga dentro de mi vagina mojada, era una explosión de placer.

Mientras me cogía, Julio me besaba el cuerpo. Podía verlo, disfrutaba tanto como yo.

El asiento era amplio y había espacio suficiente para poder volvernos locos los tres.

Ahora Julio era quien tenía las riendas. Me tomaba fuerte del pelo mientras me penetraba en cuatro, era su perrita. Su putita, como le gusta llamarme. Mientras esto ocurría, yo le chupaba la verga tan dura al conductor designado.

Debo decir que este acto no duro más de quince minutos, pero fue como si hubiese durado toda la noche. Tan sexy, tan placentero que no logro poder definirlo en palabras.

Acabamos, los tres.

Estaba exhausta, húmeda y sentía que me temblaban las piernas. Sentía como mi vagina ardía en llamas.

Acomodé mi ropa y ví como Julio se arreglaba el pantalón. El chofer volvió al lugar que le correspondía, como si nada hubiese pasado.

Llegamos al bar y nos dirigimos a la barra, pedimos un trago y brindamos.

-Feliz aniversario mi amor-, me dijo Julio con una sonrisa burlona y me besó.

La noche recién comenzaba a brillar.

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